La pieza, que también forma parte del MNA, ha sido descrita por los especialistas como una vasija ritual, elaborada con piedra andesita y roca volcánica, que presenta en su centro una oquedad, en la que se habrían depositado ofrendas, como corazones humanos y oblaciones de sangre.
La vasija, que muestra en su borde una decoración con plumas de águila y corazones dedicados al Sol, fue descubierta el 5 de enero de 1905, durante la excavación para realizar la cimentación del nuevo Teatro Nacional.
La idea de hacer esta exposición fue simple y sencillamente mostrar un poco de la historia y sobre lo que se ha escrito acerca de lo ocurrido en el predio del Palacio de Bellas Artes, pero antes de la llegada de los españoles”, aseguró Maupomé.
También recordó que, de acuerdo con los cronistas del siglo XVI, lo que hoy se identifica como Palacio de Bellas Artes se encuentra ubicado en lo que fuera una zona de actividad comercial en la época prehispánica, conocida como Moyotlán.
Ésta era una de las cuatro parcialidades de México Tenochtitlan, que a partir de la llegada de los europeos quedó bajo la traza española, donde se ubicó el tianguis de Juan Velázquez Tlacotzin –primer personaje que aparece en las actas de cabildo, desde 1524 hasta 1542–, es decir, uno de los tenochcas cercanos a Moctezuma.
¿Todas las piezas fueron halladas durante la misma excavación?, se le cuestionó a Maupomé. “No, en 1905 se halló el Cuauhxicalli y algunas otras piezas pequeñas.
Sin embargo, fue en 1993 cuando se encontró el resto de piezas (figurillas, vasijas y cajetes, figurillas antropomorfas, sonajas y fragmentos de braseros), que se encuentran bajo resguardo de salvamento arqueológico del INAH”, concluyó la también curadora.
